Cuento Corazon de Fruta

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Corazón de Fruta

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Era una mañana del mes de mayo había mucha neblina que anunciaba un calor canicular, Julito había despertado a las 5 de la mañana para ir al colegio y desde muy temprano en su casa, su madre se ocupaba de atender a la familia.

El niño luego de tomar un baño con totuma en el patio junto a la neblina, con el olor a rocío y a papaya, se vistió y pasó a la mesa para degustar de un desayuno Sabanero de yuca con auyama y suero, acompañado de café con leche caliente, que su mamá la había preparado y servido en platos de plástico color verde, ideal para una larga jornada de estudiante.

Sobre la mesa un mantel de flores caribeñas que adornaba la mesa cubierta de un plástico transparente.

Doña Rosa despertaba muy temprano para atender a sus hijos, el primero en salir de casa era Julito un niño de 11 años que cursaba el grado 6 de bachillerato o 1 de bachillerato como le dicen ahora.

Era un niño muy aplicado y responsable, su madre estaba pendiente de cada detalle de sus hijos, siempre impecables a pesar de tener recursos limitados, Julito salía esa mañana a su colegio muy bien presentado.

Antes de salir de casa le dijo a su madre, “Mamá dame la plata del diario” y ella le dijo:

“Mijo aquí tienes 500 pesos te alcanza para los transportes y te quedan 100 para la merienda es poquita, pero ríndela mijo”

El niño salió a esperar el bus y en el paradero, vio muy cerca un árbol lleno de mangos, era el momento de la cosecha y había mangos por todos lados del pueblo.

Julito se subió al bus y durante todo el trayecto vio que los palos de mango que invaden la ciudad estaban cargados, y él…un amante del mango se le hacía agua la boca.

Al llegar al colegio todo transcurriría normal, ese día las clases eran de matemáticas luego sociales seguido de religión y al final educación física.

Desde la ventana del salón del colegio en un cuarto piso Julito podía ver en el patio del vecino un palo de mango, y se le aguaba la boca de pensar en esos mangos verdes, que desde aquella mañana no había podido sacar de su mente.

En su cuaderno en la parte de atrás había dibujado el palo de mangos del vecino durante todo el día de clases, la verdad poca atención les había dado a los profesores, pero se había jalado tronco de dibujo, el solo pensaba en el mango.

Julio había guardado los trescientos pesos que le quedaban en el bolsillo de la sudadera, ese día jugaron fútbol se había divertido mucho. Al final de la clase se dirigió al baño a lavarse las manos y se dio cuenta de que se le había perdido el dinero que tenía para la merienda y para el bus de regreso, se puso muy triste y se sentó en las escaleras a llorar.

Julito fue donde el profesor y le dijo ¡Profe perdí mi plata ahora no tengo para la merienda, ni para el bus de regreso! mientras lloraba y sollozaba con mucha angustia.

El profesor le dijo ¡tranquilo te voy a dar para el transporte de regreso debes calmarte no hay problema!

¡Sonó la campana! era la hora de salir del colegio, a la salida del colegio confluían todos los vendedores ambulantes y este muchachito tenía en mente el mango, no podía pensar en otra cosa.

¡Allí estaba el vendedor de mango con una ponchera de lavar ropa repleta de mango chancleta (Un tipo de mango de la región sucreña)

¡¡¡Mango!!! ¡Mangooo!!! ¡¡¡¡¡Pilas que se acaba el mango!!!!!

¡¡¡Mientras que con el cuchillo le pegaba a esa ponchera metálica y repetía pilaaa pilaaaa pelaos que se acaban!!!”

Julito dijo “erdaaa me tengo que poner pilas porque se acaban!! salió corriendo y se puso hacer fila para comprar el mango…mientras esperaba, recordó que solo tenía los 200 pesos del transporte que le había dado el profe, ese detalle lo había olvidado por completo.

” Erda que hago …si me voy en el bus llegaré con las mismas ganas del mango a la casa …”

Pero viendo los otros muchachos comer tan delicioso manjar de la sábana se dijo

“¡me voy a comprar un mango y una bolsa de agua y me voy caminando a la casa!”

Cuando llegó donde el vendedor luego de la larga fila le dijo el del mango.

“¡Ajá niño quedan tres… dos por doscientos …se quedó pensando de nuevo, no sabía que hacer…estaba que se devoraba el mango y se decidió! dame los dos mangos en $200.

Le prepararon dos mangos chancletas con limón, sal y pimienta y unas gotas de vinagre, una delicia que estalla de sabor en la boca.

Se había quedado sin el dinero para el transporte, tendría que irse a su casa que estaba a 6 kilómetros a pie, bajo un sol sin tregua.

Él lo había decidido de esa manera, así que se fue caminando con su morral recorriendo cada calle, disfrutando muy feliz de esos deliciosos mangos.

El sol era lo de menos para él, no tenía gorra, pero el esfuerzo había valido la pena, tal vez tardaría una hora en llegar a casa, pero con la satisfacción de haber decidido comerse el mango que tanto anhelaba, nada le quitaba su felicidad…ni sed le dio en el camino.

Al llegar a casa, su madre le dijo ¿mijo porque te demoraste?

¡Estábamos preocupados!,

Él prefirió omitir el hecho de que había perdido el dinero por miedo a una reprimenda, solo le dijo a su madre:

“Mami me compré dos mangos y me vine caminando…

Su madre respondió

¡¡Muchacho en ese sol!!

Si mama, pero estaban sabrosos…

¡Su madre lo miro y le dijo:

“¡Eso tú lo decidiste y eso está muy bien, la vida no es fácil y todo amerita un sacrificio!…

Además, tú corazón es de mango como el de un buen sabanero y eso no se puede cambiar.

Autor:

Boris Sánchez Maldonado

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